Cerdeña en… ¡bici, coche, tren y barco!

Hoy… ¡un destino y viaje muy distintos a los anteriores publicados!

Un lugar muy refrescante conocido desde un punto de vista muy cercano… ¡Una ruta (en bici, coche, barco, tren y bus) por Cerdeña!

Esa isla italiana, pero con un carácter muy propio (Cerdeña se caracteriza por gozar de su propia identidad dentro de Italia, la cultura sarda) con lugares todavía muy recónditos y una población que, no sólo será muy próxima a vosotros durante todo el viaje, sino que también se encontrará agradecida en todo momento de que alguien se haya preocupado por ellos y su cultura. Sí, y es que en Cerdeña, de la misma manera que se siente su población, vosotros también percibiréis que se trata de la gran región abandonada de Italia, algo que le aporta un atractivo añadido (playas casi vírgenes, lugares de difícil acceso y, por lo tanto, poco transitadas…) pero que no deja de ser la consecuencia de una política italiana que no tiene muy en cuenta la cultura e identidad sardas.

Con la entrada de hoy, pues, me gustaría presentaros un lugar fascinante que os permitirá, a partir de este tipo de viaje mucho más próximo con el territorio por el cual nos movemos, descubrir una cultura que, por lo menos para mí, era muy desconocida y realmente interesante.

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¿Nuestra ruta?

Alghero – Bosa – Cabras – Oristano – Tharros – Olbia – Palau – Santa Teresa de Gallura – Tempio Pausania –  Islas Maddalena (Caprera) – Castelsardo – Stintino – Alghero – Capo Caccia

¿Número de kilómetros?

765kms. aprox.

¿Transporte?

Combinación de bici (nos acompañó durante los 7 días de ruta), coche (lo alquilamos de Olbia a Alghero, el precio fue de 167eurs por 4 días), tren para ir de Oristano a Olbia, barco de Palau a Islas Maddalena (11eurs trayecto + 3eurs por llevar la bicicleta con nosotras), algún que otro bus para desplazarnos a pequeñas localidades y nuestros propios pies en más que una excursión que realizamos.

¿Una guía?

En este caso, usamos la combinación de Lonely Planet – El País Aguilar, puesto que, mientras en la primera se nos daban informaciones útiles de cómo planear nuestra ruta, en la segunda se nos facilitaba una información visual bastante interesante y útil.

Como podréis comprobar en cualquier mapa, dado que la isla es realmente grande y teniendo en cuenta que sólo estábamos 10 días y que parte de nuestro recorrido era en bicicleta, corresponde al norte de Cerdeña. Una ruta circular que nos permitió conocer paisajes increíbles y descubrir rincones realmente fascinantes.

Así, pues, con Ryanair y desde Girona (era un poco reacia a salir desde un lugar que no fuese Barcelona, dada la distancia, pero teniendo en cuenta las esperas en el aeropuerto del Prat, el hecho de tener que ir a la nueva terminal y demás, la verdad es que ir a Girona lo encontré de lo más práctico), nos dirigimos hacia la primera etapa de nuestra ruta, Alghero – Bosa.

Un tramo que representó, en mi opinión, quizá el más bonito de nuestro viaje en cuanto a paisaje se refiere, a pesar de que hay que añadir que se trató también del más cansado.

35 grados de temperatura con mucha humedad, carretera llena de curvas y gran desnivel y unas bicicletas de alquiler que no funcionaban cómo deberían (¡esto me permitió aprender que, en el siguiente viaje en bicicleta, facturaré la mía propia!).

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Aún y así, ¡el mejor tramo del viaje! Se trata de los 60km aprox. comprendidos entre Alghero y Bosa. Un tramo con unos acantilados impresionantes y unas vistas sobre el mar que nos dejaron sin respiración.

¿Lo mejor?

El baño, a modo de premio por alcanzar nuestro reto, en las playas (algo rocosas pero las más limpias de nuestro viaje) ubicadas a unos kilómetros antes de llegar a Bosa, justo al lado de la torre genovesa de defensa que encontramos en la costa de esta misma localidad.

Bosa, un pequeño pueblo con mucho encanto y casitas de colores a la orilla del río, muy reconocido por sus torneos de caballos, al más puro estilo de Siena, en la cima del cual se ubica un pequeño castillo.

¿La noche?

La pasamos en una casita rural preciosa de Bosa en la que no encontramos como en casa en todo momento gracias al trato de sus propietarias.

S’Ammentu, en el mismo barrio antiguo de Bosa

El siguiente tramo, dada la dificultad del primero, lo realizamos en parte en coche. Así que, dado que los autobuses en Cerdeña no acaban de ser muy prácticos en cuanto a horarios se refiere, cogimos un taxi en el que cupieran nuestras bicicletas (nos costó 100eurs el trayecto) y nos dirigimos hacia Cabras, desde donde sí iniciamos nuestro recorrido en bicicleta hasta Oristano.

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Cabras, la mayor zona de lagunas de Cerdeña con un lago de grandes dimensiones que seguro que no os deja indiferentes.

¿Su peculiaridad? Es de él que se extrae la famosa bottarga (la podréis probar en cualquiera de los restaurantes de la zona, puesto que es muy usada en la pasta, o adquirir en cualquier supermercado de la isla), esos huevecitos del pez tratados según la tradición fenicia (no es de extrañar que fuesen ellos los encargados de crear este suculento manjar puesto que en Cerdeña tuvieron un papel importante), que dan ese toque de sabor a pescado a muchos de los platos sardos y que es tan preciado gastronómicamente hablando.

La llegada a Oristano también fue recibida gratamente. En este caso, nos alojamos en Sa Domu e Crakeras, una casita rural también bastante recomendable, localizada casi en el centro de la ciudad, lo que nos permitió conocer esta localidad bastante infravalorada por los visitantes a pesar de que, en mi opinión, tiene grandes atractivos culturales, con sus calles, esculturas, murallas y Duomo.

En este caso, lo mejor fue también su gastronomía en el restaurante Craf da Banana, realmente recomendable, donde pudimos degustar las olivas de la zona y su preciada bottarga, entre otras delicias sardas.

Al día siguiente, desde Oristano, dado que la carretera estaba bastante transitada y podía suponer un peligro recorrerla en bicicleta, tomamos un autobús para ir a uno de los atractivos de Cerdeña que más me gustaron del viaje, Tharros (el precio de su entrada es de 4eurs). Restos de lo que fue una importante ciudad fenicia y una torre genovesa, correspondiente a la época en la que Cerdeña fue dominada por este reino (posteriormente lo sería por los españoles, como podremos ver en las localidades del norte), en un entorno de lo más singular.

Realmente, podríamos decir que Tharros es una postal, con sus ruinas fenicias, la torre y el intenso azul de sus aguas. Un lugar entrañable y bello en el que, además, podemos acercarnos a ese pasado histórico de la isla.

Por la tarde, tomamos el tren (un tren que realmente parecía haber salido de los años 50 pero que supuso también una aventura, sobre todo por la “gran velocidad” en la que viajaba) hacia Olbia, desde donde alquilamos un coche y, con las bicicletas en su maletero, nos dirigimos a Palau, antes pasando por uno de los enclaves más representativos de la Costa Esmeralda, Porto Cervo.

Podéis consultar los horarios y precios de los trenes en la web de Trenitalia.

Todo es muy diferente a días anteriores… grandes carreteras, lujo, yates, coches de firmas que nunca en mi vida había visto… todo perteneciente a una esfera a la que, al menos yo, no creo que pueda (ni quiera) acceder nunca. Sin lugar a dudas, algo muy distinto a lo que habíamos experienciado en el lado oeste de Cerdeña.

Una visita, pues, curiosa por decirlo de alguna manera, que nos permitió entender un poco lo que representó y representa la Costa Esmeralda para Cerdeña, ese proyecto del Príncipe Karim Aga Khan IV y su consorcio de inversores para crear una nueva experiencia vacacional en la isla, al más puro estilo parque temático de lujo, a partir de un sinfín de pequeñas casitas que, siguiendo los estándares de la arquitectura local, pretendían alojar a todo un conjunto de grandes personajes de la jet set internacional.

Ante todo este lujo, en Palau decidimos alojarnos en el camping Baia Saraceno (¡nuestra primera experiencia en una autocaravana!) que nos permitiría movernos al día siguiente por la zona de Gallura, una pequeña región dentro de la Costa Esmeralda muy distinta a lo que vimos el día anterior, no sólo por sus gentes (mucha más cercanas) sino también por su paisaje y clima (¡os dará la sensación de que estáis más en el Pirineo que en Cerdeña, al pasar de un paisaje árido a uno de montañoso y lluvioso! ¡Hasta las casitas os serán familiares y fácilmente comparables con un clima de alta montaña!).

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Primero de todo… ¿qué tal contemplar Córcega y la costa de Capo Testa, extrañamente rocosa y moldeada por el viento, desde el faro de Santa Teresa de Gallura?

A continuación, nos dirigimos al interior de la comarca de Gallura, pasando antes por un nuraghe (construcciones funerarias de la época de bronce típicas de Cerdeña, que vamos encontrando en todo momento durante nuestra ruta pero que cuyo ejemplo más significativo se encuentra a la entrada de Tempio Pausania), con la localidad de Tempio Pausania como ciudad principal de nuestra visita. Un pueblecito que contrasta muchísimo con el resto de la isla en el que, incluso, podemos encontrar unos manantiales a los que la población local acude en busca de agua fresca y sana.

Como curiosidad, por el camino, observaréis un sinfín de alcornoques descorchados. Esto se debe precisamente al hecho de que una de las actividades más importantes de la zona sea la artesanía a partir del corcho de esta tipología de árbol.

Además, Tempio Pausania goza de dulces sardos de los buenos en cada una de sus pastelerías y de un lugarito, llevado por una familia, fantástico para degustarla gastronomía de la región. ¡Un restaurante realmente muy recomendable! ¿Su nombre? La Gallurese, Via Novara, 2

En nuestro segundo día en la Costa Esmeralda, volvimos a tomar las bicicletas que, a pesar de alquilar el coche, nos llevamos también con nosotras. En esta ocasión, desde Palau, tomamos un ferry para ir a las Islas Maddalena, un archipiélago protegido y considerado Parque Nacional, con unas playas realmente bonitas y limpias. Dado que, como hemos indicado, llevábamos las bicicletas con nosotras, nos dirigimos hacia el puente que une dos de estas islas (La Maddalena y Caprera) para poder conocer la que tanto gustaba a Garibaldi y en la que, incluso, podemos encontrar su tumba, la Isla de Caprera.

En la Oficina de Turismo de La Maddalena, la principal de todas ellas y a la que llega el ferry desde Palau, no nos supieron dar mucha información pero, una vez lleguéis a Caprera, veréis un sinfín de carteles y rutas que os permitirán conocerla con profundidad, disfrutar de todos sus rincones y (¿por qué no?) daros también un baño en alguna de sus cristalinas playas.

Con esta última visita, se acabó nuestra estancia en la Costa Esmeralda para continuar recorriendo el norte de Cerdeña. Pasando antes por la Isola Rossa, localidad cuyo nombre proviene de la roca de tipología roja que encontramos en su costa, y por la Rocca dell’Elefante, una roca funeraria que por su peculiar forma recuerda a un elefante, llegamos a Castelsardo, un pequeño pueblecito costero que, a primera vista y por su estética, parecerá que os traslade a nuestra Cardona catalana (¡al menos a nosotras nos lo pareció!).

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En este caso, dormimos en un Bed and Breakfast de la zona y saboreamos el pescado de la región, todo él muy fresco y sabroso, dado que estamos en un lugar de costa y pesquero.

A la mañana siguiente, nos adentramos en el casco antiguo y visitamos esta pequeña localidad llena de encanto, con sus callecitas, la muralla cerca del mar y subidas y bajadas hasta el castillo.

Tras conocer Castelsardo y antes de llegar al siguiente punto de la ruta… ¿Qué tal una parada en una de las la playas más curiosas de Cerdeña?

Se trata de La Pilosa en Stintino, una playa en la que parece que nunca te cubra el agua y que, por su intenso color, parece más que estés en una piscina que en una playa en sí misma. Se trata de un lugar, pues, muy visitado y bastante turístico, para nada comparable con las playas del primer día por ejemplo, pero no por ello os la dejo de recomendar como un must en vuestra ruta ya que, precisamente por sus características, se convierte en algo realmente curioso de visitar y de tomar un baño.

Finalmente, llegamos a nuestra último punto de la ruta, el mismo lugar que por donde la empezamos, el Alghero. En esta ocasión, sin embargo, ya nos podemos entretener en asentarnos en ella y conocerla con profundidad (nosotras invertimos dos noches). Una población de costa bastante turística pero que guarda bastante encanto y, sobre todo, historia. Sus murallas rápidamente os trasladarán a esa época de dominación genovesa y… ¡española!

Sí, como muchos ya debéis de saber, en el Alghero se habla catalán. De hecho, existe incluso una escuela que batalla por la conservación de lo que ellos llaman algherese, esa mezcla entre catalán antiguo e italiano que, juntamente con el sardo, hacen que Cerdeña se convierta en un interesante enclave cultural.

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Rápidamente veréis cómo, a la que los alghereses vean que sois catalanes, se animan a hablaros en catalán. Algo realmente curioso, por ese acento italiano que tiene, que os aproximará de golpe a su cultura, creando un clima muy especial y entrañable en la conversación.

Por desgracia, se trata de un idioma que sólo hablan los habitantes del Alghero más mayores (los jóvenes que lo hablan es porque sus abuelos les han enseñado algo, no porque lo usen habitualmente), pero, aún así, se encuentra bastante extendido.

Último día en el Alghero… ¿qué hacemos?

Nosotras nos encaminamos, siguiendo la costa hasta llegar al Capo Caccia, hacia la Cueva del Nettuno. Un paseo realmente agradable, con las olas en todo momento golpeando a nuestros pies que, a pesar de que llega un momento que se corta, haciendo que acabemos cogiendo un autobús para llegar a la cueva, se convirtió en algo realmente fascinante, especialmente por sus paisajes y fauna.

¡Y por los puestecitos de fruta de los mismos campesinos de la zona que encontramos en todo momento y que ayudan a que el calor se lleve de mejor manera!

El bus, el Trottolo (un autobús que conecta Alghero con la Cueva del Nettuno), lo podéis tomar a partir de un camping que os encontraréis en el camino que se acorta a vuestro paso.

Una vez llegado al Capo Caccia como tal, la Cueva del Nettuno está tan sólo a unos metros. Nosotras no entramos a la cueva pero, no por ello, no dejamos de bajar a ella. Una gran escalinata, colgada del acantilado, os llevará a la cueva. Una experiencia que, aunque no entréis… ¡será de lo más divertida y fotogénica!

Quienes lo prefieran, comentar que, a pesar de que desconozco la información exacta, una barca os lleva directamente del Alghero a la Cueva del Nettuno. Nosotras lo obviamos ya que preferíamos anda un poco y la verdad es que no nos arrepentimos de ningún modo de no tomarlo. ¡Pero os dejo la información por si os apetece también llegar a ella desde otro medio de transporte!   😉

Llegó la noche y, tras los últimos paseos por el Alghero para conocer sus iconos más importantes y Catedral y realizar esas compras que siempre apetecen en cualquier viaje, ¡disfrutamos de la feria y atracciones que tenía lugar en el puerto!

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¡Alghero de noche! ¡Veréis como está lleno de vida y de buen ambiente! ¡Adaptado a todos los gustos y públicos!

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En definitiva, este viaje representó una experiencia inolvidable, tanto por la cultura que conocimos como por los paisajes que en todo momento nos íbamos encontrando. ¡Además de sus playas! ¡Limpias e ideales para ese cansancio acumulado del viaje!

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¡Ah! Y antes de acabar… ¡Algunas recomendaciones!

Gastronomía… no os podéis olvidar de degustar…

  • Fregolla al frutti di mare, algo así como un arroz, pero de sémola, que si os gusta podéis incluso comprar en el supermercado para llevároslo a casa.
  • Culurgionis, un tipo de pasta sarda
  • Seadas, pasta elaborada en dulce para los postres
  • El Pan de pita está presente en toda comida
  • Sopa de pan, estilo a la lasagna hecha con pan mojado en caldo. Es seco pero el gusto a caldo se percibe.
  • Dolci sardi, ¡galletas saladas con un toque muy muy bueno!  😛

Parte de estos productos los podréis encontrar en una tiendecita familiar que descubrimos en Alghero, el último punto de nuestra ruta, llamada Cuiles (Via Catalogna, 4).

Y hablando de regalos y compras… ¡en Alghero veréis que algo muy típico es el Coral!

Y… ¡Últimas cositas!

  • Llevad dinero en efectivo suficiente pues en muchos sitios no os permitirán pagar con tarjeta de crédito.
  • Observaréis, tal y como hemos comentado, que hay puntos de Cerdeña un poco abandonados (caminos mal señalados, carreteras mal construidas, caminos que se cortan porque un puente que permitía saltar un riachuelo está caído y nadie lo ha arreglado…). Así que con mucho cuidado con, especialmente, las carreteras.

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  • Además de hablar algherese y sardo, en Cerdeña hay un italiano muy distinto al que estamos acostumbrados, fruto de las múltiples influencias de otras culturas que han habido constantemente en la isla. De esta manera, por ejemplo, se conservan todavía palabras de la época de la dominación española (no dicen “tavola” sino “mesa” y dicen “pregunta” en lugar de “demanda”). Un añadido desde luego muy interesante a nuestro viaje.

¡Creo que no me dejo nada de mi experiencia por el norte de Cerdeña!

Así que, si os animáis a visitar Cerdeña… ¡a disfrutar!   🙂

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