Croacia, la puerta a los Balcanes

Sí, la puerta a los Balcanes, la semilla que hace que se te despierte el interés por continuar descubriendo una cultura muy diferente entre los países que la componen pero, a su vez, igual de interesante en todos ellos; ese granito de arena que te hace despertar las ganas de proseguir con todos esos países que antaño conformaron la antigua  Yugoslavia (¡creo que el siguiente será Bosnia!) y que, tras haber pasado una terrible guerra, han remontado de una manera realmente admirable (el Presidente Franjio Tudman, a pesar de que también fueron muchas las represalias contra los serbios, junto con el afán de la población por avanzar y salir conjuntamente, tanto del comunismo como de las consecuencias de la Guerra de 1991, tuvieron un papel muy destacable en todo ello, encontrando hoy en día una Croacia independiente, capaz de tirar sola adelante, completamente reconstruida y con una formación e inglés perfectos en gran parte de toda la población).

Esta es la sensación que tuve en Croacia, una país con una cultura increíble, fruto de las mezclas culturales que se han dado en ella (influencias italianas y austriacas en cualquier rincón, al formar parte durante mucho tiempo de ambos países, aparte de la proximidad especialmente respecto al primer caso, entremezcladas con ese pasado comunista y serbio que, a su vez, se entrelaza con la cultura croata en sí misma). De esta manera, veremos cómo Croacia está conformada habitualmente de pequeñas ciudades de sabor muy pesquero en la costa y estilo muy veneciano, amuralladas y localizadas muchas veces en islas o penínsulas, con campanarios que bien nos podrían recordar a Italia y, a su vez, con edificaciones de estilo más austriaco en su interior, con grandes caserones y calles monumentales en ciudades como Zagreb o Rijeka.

Todo ello, mezclado con un paisaje fascinante, limpio, como si de un lugar selvático y virgen se tratase, gracias a sus costas rocosas con bosques que acaban justamente en ellas (¡Croacia no tiene playas! Así que, si os queréis dar un baño, ¡las típicas chanclas cangrejeras os será muy útiles!), al cuidadoso tacto de los croatas a la hora de conservarlo y a su sinfín de manantiales e islas.

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Veréis que, dadas las características de sus playas, distintos lugares están habilitados para su baño a partir de pequeñas escaleras de acceso.

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Un país muy marcado por su posición estratégica, en pleno Mar Adriático, a lo largo de la historia (fue uno de los países que más sufrieron durante la II Guerra Mundial) que, además, se le une el hecho de ser uno de los escenarios de la serie Juego de Tronos (yo no la he visto pero creo que, tras haber visitado Croacia, ¡la miraré para volver a viajar desde casa!).

Todo ello y mucho más es lo que pudimos visitar y conocer en este viaje de 7 días bien completos por Croacia (¡la expresión bien completos hace referencia al hecho de que iniciamos nuestro viaje desde Barcelona a las 6h de la mañana de un lunes y no volvimos a casa hasta las 2h de la madrugada del lunes siguiente!). Un viaje, pues, bien aprovechado, con ese sabor a lo que se entiende como viaje, al conseguir realmente recorrernos casi toda la geografía croata, saboreando sus ciudades, paisajes y gentes.

¿Nuestra ruta?

Empezamos en Dubrovnik con visitas a Lokrum y Korçula, continuamos por Split, llegamos a Zadar, rememoramos la historia en Pula y, tras conocer la naturaleza de Plitvice, nos afincamos en Zagreb.

Es decir, que iniciamos nuestra aventura en el aeropuerto de Dubrovnik y regresamos desde Zagreb.

¿El resto? En bus (¡fueron muchos los madrugones que no dimos pero, aún y así, veréis que el servicio de buses de Croacia es magnífico. Se trata de un país muy montañoso y, por lo tanto, con pocas líneas de tren, lo que ha conllevado obtener un buen equipamiento de buses y carreteras).

Para ello, compramos desde Barcelona todos los buses que queríamos coger desde la página web www.croatiabus.hr.

¿Número de kms. realizados?

¡2225kms y 33h de viaje! Suena mucho… sí… de hecho, ¡lo eran! Pero la verdad es que, a pesar de las múltiples horas que pasamos dentro de los buses, fue realmente algo interesante recorrer dicha distancia pues nos permitió apreciar las diferencias entre territorios, tanto de paisajes como en sus arquitecturas y gentes (¡en el sur también son más alegres y tranquilos que en el norte!). Algo, pues, realmente interesante.

¿La temperatura?

¡Mucha calor (36 grados de media) y muy húmeda! ¡Suerte de las aguas cristalinas que íbamos encontrando en todo momento!

La zona de Zagreb y los Lagos de Plitvice son más fríos, encontrando, en nuestro caso, incluso, grandes momentos de lluvia y frío.

¿Datos prácticos?

A pesar de que Croacia se encuentra ya ubicada en la Unión Europea, dada su situación económica actual y ser la puerta a los Balcanes, todavía no encontramos el euro afincado en el país. De esta manera, durante todo nuestro viaje funcionamos con kunas, cuya equivalencia correspondería a unos 3eurs = 20kn.

De la misma manera que muchos otros países que también pertenecen a la Unión Europea, Croacia no se encuentra dentro del Tratado Schengen, motivo por el cual deberéis también pasar por el control policial.

¡Importante! De Dubrovnik a Split, se recorre la costa bosnia, motivo por el cual es necesario llevar el pasaporte encima a la hora de pasar el control en la aduana.

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¿Una guía?

Sin lugar a dudas, la recién actualizada guía Lonely Planet. De todas maneras, para acabar de tener un material más visual, usé también la guía de El País Aguilar.

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¿Y la gastronomía?

Dado que nos encontramos en el Mediterráneo y muy cerca de Italia, las ensaladas, la pasta y la pizza eran el plato más habitual de cualquier sitio dónde íbamos. Sin embargo, cabe también destacar el pescado fresco y la trufa (especialmente en la pasta) en lugares como la Península de Istria, como algo también bastante típico de la zona.

Quesos de todo tipo, así como también el jamón curado es algo muy típico de la zona, especialmente en la Dalmacia, donde os lo servirán como plato típico más importante en todas partes.

Como peculiaridad, tenéis el queso salado de la Isla de Pag, salado precisamente por tratarse de un queso de oveja cuya alimentación se basa en las hierbas que rodean las costas de esta isla.

Y, además, tenéis la típicas pekaras, hornos de toda la vida en las que podréis encontrar krofna y burek, dulces estilo berlina y de hojaldres y queso, respectivamente, realmente delicioso e ideal para un buen desayuno.

Todo ello a precios muy similares a España.

PARADA 1… Dubrovnik

Sí, el escenario de Juego de Tronos pero también una ciudad fascinante que, a pesar de las multitudes de masas de turismo que encontramos en ella y que muchas veces pueden suponer incluso un poco asfixiantes, se merece una visita.

La antigua Ragusa, esa ciudad perteneciente a esa república independiente del resto de Croacia desde el año 1403 a 1808 (si os fijáis en el mapa, entre Dubrovnik y el resto de Croacia se encuentra una franja de territorio perteneciente a Bosnia), que, rodeada de mar y montaña, juntamente con su impresionante muralla, se convierte en un lugar interesantísimo de ser visitado.

Una ciudad localizada en una zona realmente estratégica, que sufrió grandes desperfectos tanto en la II Guerra Mundial como en la Guerra de 1991 pero que, sin embargo, continúa conservando el encanto de antaño, trasladándonos a otra época con sus empinadas calles de mármol, sus edificaciones más emblemáticas y su puerto.

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Una ciudad también muy marcada por el festival que se lleva a cabo cada verano, el Dubrovnik Summer Festival, con su infinidad de actividades culturales, conciertos y cine al fresco.

Un lugar, pues, muy animado culturalmente hablando que ha sabido diversificar su tipo de turismo, a pesar de que en ciertos momentos el turismo de masas que también tiene pueda llegar a ser bastante agobiante.

Dubrovnik completamente vacío a primera hora de la mañana

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Dubrovnik, pues, fue nuestra primera ciudad a visitar. Una ciudad con una calle principal, la Placa o Stradun, que marca nuestro paseo y nos sirve de eje para adentrarnos en un sinfín de pequeñas callejuelas, llenas de encanto con su ropa tendida y pendiente, en las que perderse.

Además, destacar alguna que otra curiosidad de Dubrovnik, como el hecho que albergue, dentro de su Monasterio Franciscano, unas de las farmacias más antiguas de Europa, así como también una antigua cisterna de agua, la Fuente de Onofrio, que nos recuerda ese pasado comercial y rico.

¡Y qué decir del hombrecillo, la Columna de Orlando, que encontramos en el centro de su plaza más importante, la Plaza Luza!

¿Sabéis cuál era su función? Con su antebrazo, estandarizar las medidas de longitud de la República (el codo de Dubrovnik = 51,1cm).

Pero, sin lugar a dudas, el paseo más impresionante es el que podemos llevar a cabo por su principal encanto, su muralla. Con sus 2kms. de longitud y sus dos correspondientes puertas de entrada,  ¡algo realmente increíble! El paseo tiene un precio de 30kn.

Podéis acceder a ella desde la puerta de Pile o por un segundo acceso que tenéis cerca de su segunda entrada. Entréis por donde entréis, el recorrido siempre es el mismo y en una misma dirección y, si estáis cansados o agobiados por el sol (nosotras decidimos realizar el paseo al final de la tarde, para disfrutar de la luz mágica sobre la ciudad pero también para evitar la hora punta de radiación solar, dado que realmente el sol es bastante fuerte), aparte de algún que otro lugar en el que refrescaros, tenéis la posibilidad de salir del paseo en algún que otro momento.

¿Nuestro alojamiento? La Musica Dubrovnik

¡El mejor alojamiento de nuestra ruta! Un lugar realmente céntrico y, lo que es más importante, localizado dentro del centro antiguo, algo bastante complicado ya que, aparte de que la disponibilidad acostumbra a ser bastante complicada de encontrar en Dubrovnik, dentro de las murallas no encontramos mucha oferta hotelera.

La Musica Dubrovnik, pues, ¡fue realmente una suerte encontrarlo! Una pequeña habitación equipada con todo lo que podíamos necesitar durante nuestra estancia que, además, se le añade el trato que recibimos por parte de su propietaria, Anna. ¡Una delicia!

Y, tras conocer un poco la zona… ¿qué tal un paseo nocturno por Dubrovnik?

¡Algo más tranquilo que durante el día, su magia y majestuosidad continúa estando en cada uno de nuestros pasos!

Dado que Dubrovnik se puede visitar más o menos rápido y teniendo en cuenta el calor que hacía, nos decidimos en visitar la vecina Isla de Lokrum (si os habéis fijado, la podemos divisar en las fotos que tomé desde la muralla). Un lugar paradisíaco, protegido por la UNESCO, aunque también habilitado para su uso de ocio con terrazas y bares, en el que no está permitido ni fumar ni pernoctar precisamente para proteger sus características naturales.

Aguas cristalinas en las que es imposible negarse a darse un baño, costas en las que la vegetación finaliza en el mismo agua, los restos de un monasterio benedictino en su mismo centro, un antiguo torreón de vigía y… ¡pavos reales! ¡Sí, pavos reales que se pasean majestuosamente por sus parques!

Para llegar a esta preciosa isla, podéis tomar un barco en el mismo puerto de Dubrovnik. El trayecto incluye la tasa de protección del parque y tiene un precio de unas 80 kn (10eurs aprox.) ida y vuelta.

Finalmente, destacar que, a pesar de encontrar un bus que os llevará del aeropuerto de Dubrovnik a la misma ciudad, su afluencia no es muy fluida. Es por ello que, dado que aún quedaban dos horas para el siguiente bus y queríamos aprovechar el tiempo en la ciudad, nos decantamos por coger un taxi (unos 20eurs) hasta la puerta de la muralla (en el interior no está permitida la circulación de coches).

PARADA 2: Korçula

Nuestro segundo día en Dubrovnik lo dedicamos a visitar sus alrededores. Es por ello que, desplazándonos al barrio de Gruz (un bus, por 12kn – 1,59eurs os lleva bastante a menudo desde la Puerta de Pile. Podéis comprar los billetes en una pequeña caseta que hay justo delante de la parada o en los kioscos), lo que se entendería como centro actual de Dubrovnik, cogimos el catamarán (90kn – 10eurs aprox el trayecto) que nos llevaría hacia la Isla de Korçula, una pequeña isla amurallada, bajo el dominio de Venecia durante mucho tiempo y ciudad natal del viajero Marco Polo, que con sus aguas cristalinas y calles empedradas se convierte en toda una belleza a visitar. ¡Además de albergar la Moreska, una danza centenaria!

Además, podéis aprovechar y subir al campanario de la Iglesia de San Marcos (junto con el león que encontramos en la entrada de la muralla, se trata de una nueva referencia a ese pasado veneciano de Korçula) la cual, además, tiene la peculiaridad de albergar algún que otro Tintoretto desconocido por gran parte de los turistas.  😉

¡Las vistas desde el campanario son fantásticas! Al encontrarse entre montañas, veréis que da más la sensación de encontraros en un lago que en un isla en pleno mar.

La entrada a la iglesia iba aparte de la entrada al campanario pero cada una tenía un precio aproximado de unos 2eurs.

¡Pero Korçula es también buen pescado! Toda la Dalmacia es conocida por su pesca pero en Dubrovnik, dado que se trata de un lugar realmente muy turístico, la gastronomía que probamos no era precisamente la mejor…

En Korçula, sin embargo… mmmm…  😛

Nos decantamos por pescado rebozado y ensalada de pulpo (muy típica de la zona), con vistas al mar, en el restaurante / konoba (manera de llamar a nuestras casas de comidas) Millenium. ¡Comimos de maravilla por unas 250kn – 33eurs dos personas, con postres incluidos!

¡Importante! Miraros bien los horarios y días de la semana en los que el catamarán tiene salida ya que no acostumbra a ser siempre. En nuestro caso, queríamos ir a Korçula haciendo parada antes en la Isla de Mljet, destacada por su naturaleza y lagos y por ser el lugar donde, según la mitología griega, Odiseo / Ulises permaneció hechizado durante 7 años. Dado que sólo había una salida y una vuelta a Korçula, la posibilidad de ir después de Mljet o de poder volver a Dubrovnik si parábamos en Mljet después de Korçula era imposible. Es por ello que nos tuvimos que conformar en ver la isla desde el barco sin bajar de él en nuestro camino hacia Korçula.

En el caso que no queráis ir a Korçula y, contrariamente, queráis conocer Mljet, lo ideal es alquilar una bicicleta o coche que os permita recorrer sus lagos y parque natural y, por lo tanto, bajar en la localidad de Polace, uno de los lugares más poblados de la isla donde encontraréis más servicios que, por ejemplo, en Sobra.

De la misma manera, intentad estar bastante antes de la salida del barco para comprar los billetes de ida y de vuelta ya que, dado que encontramos poca afluencia de salidas, acostumbran a acabarse rápido.

Durante nuestro viaje a Korçula, encontramos a más de un viajero que hacía parada en Korçula para continuar después hacia Split o Zadar. No fue nuestro caso ya que quisimos volver a Dubrovnik y acabar de disfrutar de nuestro último día en esta histórica ciudad pero es otra de las alternativas de viaje que podéis también valorar.   😉

PARADA 3: Split

¡Aquí es donde empieza realmente nuestra aventura de buses!

Desplazándonos una vez más a Gruz para dirigirnos a la Estación de Autobuses de Dubrovnik, cogimos nuestro autobús hacia Split. Un trayecto de unas 3h, con parada en la aduana de la frontera con Bosnia (¡tened preparado el pasaporte!) en el que, dado que Croacia es un país bastante montañoso… ¡fue la primera vez en todo el viaje que vimos campos de conreo!

El precio del trayecto fue de 115kn – 15eurs aprox. por persona.

La llegada a Split nos muestra claramente que nos encontramos en una de las ciudades más grandes de Croacia. Grandes edificios de aire todavía comunista, empresas de todo tipo e industrias nos dan la bienvenida. Sin embargo, ¡su centro histórico es muy distinto!

Y es que nos encontramos en uno de los iconos romanos más destacados de la zona y de la historia europea, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO… ¡el Palacio de Diocleciano! Como indica su nombre, el palacio del emperador Diocleciano que, poco a poco, tras ser ocupado por los habitantes de una colonia cercana invadida por los bárbaros, se transformó en ciudad. Un laberinto de calles, con restos romanos por doquier y realmente integrados con las construcciones medievales posteriores, con, incluso… ¡alguna que otra esfinge traída expresamente desde Egipto!

Además, dado que el emperador temía ser asesinado, parte del palacio se encuentra en sus subterráneos, algo realmente curioso también de visitar.

¿El actual duomo? El antiguo mausoleo del Emperador. La entrada incluye la visita al Templo de Júpiter y a los túneles subterráneos del palacio y su precio es de unas 20kn – 3eurs por persona.

Santa Lucía y el sinfín de mensajes que los creyentes le dejan con sus deseos en los subterráneos del Duomo de Split

¿Y fuera de las murallas? ¡También hay cosas realmente interesante!

En primer lugar… ¿qué tal una visita al mercado de pescado?

Además, hay que hacerse una foto con Gregorio de Nin, arzobispo que en el s.X luchó por el derecho a usar el croata en la liturgia, mientras le tocamos el pulgar. ¡Toda una tradición!

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Y, por la tarde… ¿paseo con vistas y baño en la Península de Marjan, el pulmón verde de Split?

De vuelta, podréis disfrutar de un paseo por el puerto… ¡olímpico! Y es que en el suelo encontraréis los nombres de todas las estrellas olímpicas de Croacia.

Y, finalmente, ¿paseo nocturno por Split? ¡Veréis que el ambiente es muy variado y lleno de contrastes! ¡Ambiente de playa y discotequero en la Riva vs. ópera en directo y gratuito en el Palacio de Diocleciano!

¿Y el alojamiento?

En este caso, pasamos nuestra noche en un apartamento de Split Inn Apartaments bastante céntrico.

PARADA 4: Zadar

¡Continuamos nuestra ruta! En esta ocasión, otro bus hacia Zadar con una duración de unas 3h y un precio de 100kn – 13eurs aprox.

Una vez más, la influencia de italiana la encontramos en todos sus rincones, especialmente en sus iglesias. Una localidad pequeña, en la que podéis destinar sólo medio día pero que incluye un sinfín de lugares a los que ir. No nos dio tiempo a coger el ferry que llevaba a ellas pero un paseo por las Islas Kornati, antiguas cimas de una cordillera, de ahí su carismática forma, acostumbra a ser algo interesante a llevar a cabo.

Además, podéis pasar antes por Sibenik para hacer parada en el Parque Nacional de Krka, un lugar entrañable al que tampoco fuimos pero que, según parece, ¡merece la pena al tratarse de unos lagos en los que poder darse un baño!

Nosotras, pues, nos dedicamos a descubrir esta ciudad amurallada, una vez más localizada en una península, con un sinfín de mezclas, tanto culturales como a cuanto a viajes en el tiempo se refiere. De esta manera, en Zadar, una ciudad más o menos poco turística durante el día, podemos encontrar desde ruinas romanas (su foro romano es impresionante) a medievales, acabando con algo de lo más moderno e innovador… ¡como las dos piezas de Nikola Basic que podemos encontrar en el puerto de Zadar o alguna que otra sorpresa como el barquero que se encarga de llevar a los peatones de la península a tierra firme!

¿La primera de estas dos piezas tan innovadoras? ¡El Órgano del Mar! Algo realmente relajante pues se trata, como indica su nombre, de un gran órgano que, a partir del movimiento de las olas del mar, nos crea una música ideal para acompañar nuestro paseo o baño en la Riva de Zadar.

¿La segunda? ¡El Saludo al Sol! La gran atracción de Zadar, sobre todo del atardecer, al tratarse de una gran placa fotovoltaica que se carga durante el día y consigue, no sólo alimentar eléctricamente todo el puerto de Zadar, sino también hacer jugar a todos sus espectadores. ¡Y es que por la noche se ilumina, creando una gran discoteca de colores al aire libre!

Puesta de sol desde la Riva… ¡todo un espectáculo de lo más concurrido!

¡En Zadar descubrimos también un restaurante de comida casera riquísima!

Allí, pudimos probar delicias dálmatas como el pljukanci (pasta estilo gnocchi italiano típica de la Dalmacia), la pasticada (estofado típico de la zona) y la rozata (especie de flan también típico).

¿Su nombre? Zadar Jadera

Todo (comida para dos personas) nos costó 215kn – 28eurs aprox.

PARADA 5: Pula

Tras la espectacular experiencia en Zadar, ¡a la “plácida” noche en autobús!

Sí, esa podríamos decir que fue la gran locura del viaje. Sin embargo, finalmente se pasó mejor de lo que esperábamos y conseguimos dormir y medio descansar casi toda la noche, llegando a las 8h de viaje, tras haber cogido el bus a las 23h de la noche, a Pula. De esta manera, pudimos llegar a la Península de Istria sin malgastar tiempo de nuestras vacaciones.

El precio fue de 174kn – 23eurs el trayecto.

¿El paisaje? ¡Muy diferente a lo que habíamos visto hasta ahora! Cultivos y olivos por todas partes (el aceite de oliva de Istria es uno de los más preciados del país, así como también sus trufas y lavanda) y un ambiente muy italiano (veréis que incluso los nombres de las calles se encuentran tanto en croata como en italiano y es que nos encontramos a tan sólo pocos kilómetros de Trieste, de hecho, muchos viajeros prosiguen su ruta hacia Eslovenia o Venecia).

Sólo estuvimos un día en esta península tan conocida por su papel estratégico durante la II Guerra Mundial y por ser el lugar de veraneo de Tito (Islas Brijuni), dedicándonos a conocer más Pula y Poreç, pasando por las poblaciones medievales de Rovinj (Rovigno en italiano) y Bale, que el interior en sí, motivo por el cual encontramos la zona bastante turística. Pero si disponéis de más tiempo en la zona, según parece, el interior rural es bastante bucólico.

Podéis llegar a todas estas localidades desde un autobús de línea que sale de la Estación de Autobuses de Pula por unas 10kn – 1,50eurs el trayecto.

¿El encanto de Poreç? A simple vista… casi ninguno… pues, a pesar de tener alguna que otra ruina romana, como su Templo de Júpiter, y caserón medieval, se trata de una localidad realmente muy turística (turismo de masas y playa). Sin embargo, tiene algo que la hace única y especial… ¡uno de los conjuntos bizantinos más interesantes de Europa, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO!

Se trata de la Basílica Eufrasiana, repleta de dorados bizantinos e, incluso, restos de los primeros cristianos que poblaron la zona, con sus simbolismos secretos y lugares de encuentro fuera del entorno romano, al ser perseguidos todavía por estos.

En este caso, ¡también podréis disfrutar de las vistas desde su campanario y de la experiencia de oír repiquetear sus campanas desde él (¡no sé qué pasa que siempre suenan las campanas a cualquier campanario que suba!)!

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¡Pero lo que más nos sorprendió fue Pula, la capital de Istria!

Una ciudad con uno de los anfiteatros romanos más bien conservados de Europa (¡ríete del Coliseo!), usado actualmente para el Pula Film Festival, entre otros actos destacados de la ciudad,  y un sistema de túneles subterráneos, el Zerostrasse, capaz de albergar a toda la población de la ciudad durante la II Guerra Mundial en momentos de ataque, además de iconos tan destacados como su puerto (¡cenar en él, cerca de su Catedral, es una delicia!), el Arco de los Sergios (levantado en honor a una familia romana que tuvo una gran importancia en la ciudad) o el Templo de Augusto, entre otros iconos.

Tanto la entrada al anfiteatro, como a la Basílica Eufrasiana o al Zerostrasse no llegaba a las 20kn – 3eurs por persona.

Una ciudad llena de vida (veréis que la vida es mayormente de población local, sintiéndoos de los pocos turistas en la zona, lo que la hace todavía más interesante), que aún conserva ese aire a ciudad romana, y que, además, se llena de animación durante la noche, con un sinfín de actividades para la población.

Puesta de sol y vistas desde su Ciudadela

¿El alojamiento?

En esta ocasión, a pesar de ser el hotelito de más categoría de nuestro viaje, no tuvimos suerte. Hotel Galija, un hotel de 3 estrellas, más bien justo y desfasado para su categoría, en el que además el trato se las tuvo mucho que desear, encontrando malas caras por parte de su personal y un trato no muy adecuado.

Podríamos decir, pues, que fue quizá la pega de este viaje…

PARADA 6: Zagreb

Tras un nuevo madrugón, 7h de camino de autobús (150kn – 19eurs), llegamos a la capital de Croacia, Zagreb, donde nos pudimos instalar tranquilamente y pasar dos noches enteras y sin madrugones.

Una ciudad, a mi parecer, preciosa, que realmente me sorprendió y fascinó. La verdad es que no llevaba una imagen clara y premeditada de lo que encontraría y eso fue precisamente lo que creo que provocó que me gustase tanto. Una ciudad que representaría, perfectamente, ese gran paso que hizo Croacia en pasar, no sólo del comunismo al capitalismo, sino también a la hora de salir de la Guerra del 91. Una ciudad, pues, en potencia, completamente cosmopolita, de las que ya percibes por su manera de ser y funcionar que será una gran ciudad en un periodo de tiempo relativamente corto.

Una capital en la que, además de un sinfín de manifestaciones culturales y artísticas realmente innovadoras (se está apostando por nuevas disciplinas como el Street Art y por nuevas concepciones de museo como el Museo de las Relaciones Rotas), podemos encontrar también lugares más tradicionales y llenos de encanto e historia como el Mercado de Dolac o la zona de la Iglesia de San MarcoKaptol.

Todo ello con su toque propio croata, con grandes influencias austriacas (Zagreb perteneció durante un largo tiempo al Imperio Austrohúngaro) y esa estética de antiguo país comunista tan característica. En definitiva… ¡una ciudad fascinante!

Capilla de la Puerta de Piedra, un carismático y lleno de encanto lugar de culto en el que se venera a una pequeña Virgen, el único resto de una puerta que quedó completamente destruida tras un incendio en la zona.

Tkalciceva, una calle llena de cafeterías en las que llevar a cabo el ritual del café, una costumbre muy arraigada en la ciudad que podría equipararse a la nuestra de hacer el vermut los domingos.

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Museo de las Relaciones Rotas, un nuevo concepto de museo en el que, más que obras de arte, lo que podemos encontrar en él son piezas con un valor incalculable para los protagonistas de las historias que representan, a pesar de que a nosotros a simple vista no nos digan nada.

Los compañeros del blog Cultius Culturals nos hablaron de él en una ocasión.  😉

El precio de la entrada es de 25kn – 3eurs e incluye un dossier en español para poder leer cada una de las historias mostradas en él.

Otro lugar destacado a visitar es el Cementerio de Mirogoj, obra del arquitecto Hermann Bollé (podéis ir andando o en autobús desde el Kaptol), una belleza artística de cementerio, muy distinto a lo que estamos acostumbrados y en el que podréis encontrar las tumbas y panteones de las grandes figuras de la historia y cultura croatas, entre ellos, Tudman, ese gran presidente, tan querido por los croatas, que le ayudó a salir del comunismo.

Y para los más deportistas… ¿qué tal ir a visitar el museo y monumento a Drazen Petrovic, esa gran figura del baloncesto croata y uno de los primeros comunistas que salieron de la antigua Yugoslavia a jugar a la NBA, que lamentablemente falleció bastante joven en un accidente de coche?

Tenéis un interesante documental sobre lo que representaron Petrovic y sus compañeros en la historia del baloncesto y de Croacia clickando aquí.

¿Y a nivel gastronómico?

¡Zagreb está repleto de buenas opciones para degustar la gastronomía de la zona!

¿Nuestros descubrimientos?

Bistro Agava, un lugar de comida innovadora, con toques tradicionales, en pleno centro de Zagreb. De todos los expuestos en esta entrada, quizá fue el más caro (unos 50eurs dos personas)… ¡pero también mereció la pena pagarlo!

Con comida más tradicional y casera… ¡Katedralis! ¡Un restaurante en el que también nos sentimos como en casa y comimos de maravilla las delicias, mayormente elaboradas con queso, croatas!

Y, hablando de quesos… para degustar los vinos y quesos de la zona, perfectamente maridados durante una plácida noche de verano… ¡Cheese Bar!

Y, hablando ya de noche… ¿qué tal un paseo y una copa en Strossmartre, con vistas sobre la ciudad y sintiéndote como un local, para acabar de apreciar la magia de Zagreb?

¿Nuestro alojamiento?

En esta ocasión, nos decantamos por un hostel realmente céntrico. Si sois personas que buscáis la comodidad a la hora de viajar, la verdad es que Hostel Kaptol es una buena opción.

PARADA 7: Plitvice 

Desde la Estación de Autobuses de Zagreb (100kn – 13eurs), hicimos un parón de nuestras visitas culturales para dirigirnos a la “joya de la corona de Croacia”… ¡el Parque Nacional de Plitvice!

Patrimonio Natural por la UNESCO, ¡realmente una maravilla con su sinfín de lagos interconectados entre ellos a partir de grandes y pequeñas cascadas, además de la gran variedad de colores, verdes y turquesas, de sus aguas! Algo realmente bello que merece la pena visitar y que, es más, se hace fácil de visitar, gracias a las pasarelas que se han habilitado para ello, conllevando que todos los visitantes realicen más o menos las mismas rutas y no dañen, a su vez, el entorno. El parque también dispone de  barcos y trenecitos para facilitar la visita. De esta manera, se convierte en una visita accesible para todos y todas y no sólo para los más montañeros.

Por otro lado, comentar que se trata de un lugar realmente turístico con todo un conjunto de restaurantes y hoteles en sus alrededores que lo convierte, una vez más, en un lugar de visita accesible a todos y todas.

Nuestra comida, tartas caseras compradas en una de sus tiendas de artesanía instaladas en la puerta principal del parque.

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¡Importante! La temperatura es muy distinta a la del resto de Croacia pues nos encontramos en la montaña y en una zona bastante fría y húmeda. ¡Sed precavidos y os evitaréis tener que comprar una sudadera de “Plitvice Lakes” en sus tiendas de souvenirs como nos ocurrió a nosotras!

¿Nuestro recorrido por el parque?

La parte más bonita e impresionante del parque es la que encontramos en su parte inferior. Sin embargo, dado que íbamos a pasar el día completo, nosotras nos decidimos por entrar por la entrada superior (entrada B) y realizar la ruta de los lagos superiores para, así, tras coger el trenecito que nos llevaba desde la parte más elevada del parque a la puerta inferior (entrada A), recorrernos los lagos inferiores, donde encontraríamos la típica postal de Plitvice, las cuevas  y la cascada más alta de Croacia.

Lagos superiores

Lagos inferiores

En la puerta superior encontraréis el memorial a la muerte de ese policía que fue asesinado en el año 1991 y es que Plitvice fue el lugar donde se inició la Guerra del 1991, cuando los serbios tomaron el control del parque y de sus hoteles.

Tenéis toda la información del parque y las distintas combinaciones de entrada y precios en su página web:

Parque Nacional de Plitvice  www.np-plitvicka-jezera.hr

La vuelta a Barcelona, tal y como os he indicado al inicio de esta entrada, la realizamos desde Zagreb. Desde la estación de autobuses podéis tomar los buses de Croatia Airlines que os llevarán al aeropuerto por 30kn – 4eurs el trayecto.

En definitiva, sólo decir que me he quedado con las ganas de volver en otra ocasión a Croacia, por su cultura, por sus gentes, por sus paisajes… ¡y para acabar de ver todos esos rinconcitos que me han quedado por descubrir!

¡Un viaje increíble!   🙂

Para más información:

Turismo de Croacia  croatia.hr

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