¡El Monasterio de Piedra y un paseo por Zaragoza!

¡Hola de nuevo! Hacía ahora bastante tiempo que no escribía en este blog de viajes de La Bcn Que Me Gusta y, no precisamente debido a falta de anécdotas y experiencias viajeras que contar (podéis consultar los viajes que voy haciendo en la cuenta de Instagram @losviajesdelabcnquemegusta), sino por algo mucho más sencillo, la falta de tiempo para plasmar viajes tan encantadores como Bosnia, Asturias, León, Roma o Berlín, entre otros, que espero poco a poco ir añadiendo en forma de entrada a este blog.

Sin embargo, hoy me he podido permitir una pequeña excepción y realizar esta entrada sobre algo mucho más cercano pero, no por ello, menos interesante.

Se trata del Monasterio de Piedra, un lugar que, si bien es cierto que en un principio puede parecer bastante artificioso (los caminos están demasiado bien adaptados al visitante, trasladándonos casi más a un parque temático que a la naturaleza propiamente dicha) y su aspecto es casi perfecto, sin dejar margen al error natural, incluye también una historia que va mucho más allá y que no sólo da una explicación a lo acabado de mencionar, sino que también lo convierte en una interesante visita a realizar, en especial en fines de semana poco señalados (si queréis disfrutar bien de la visita, os recomiendo evitar fechas señaladas de gran afluencia de visitantes a causa de las largas colas que se forman).

Con esta entrada, pues, no sólo me gustaría mostraros un lugar lleno de historia (saberla os ayudará a entender el porqué de este aspecto tan artificioso), sino también una fantástica salida en familia, ideal para ir con lo más pequeños, que rápidamente se sentirán vivir una aventura.

Y es que en el Monasterio de Piedra podemos encontrar naturaleza, sí, pero bajo control y, en especial, bajo la imaginación de esos románticos del siglo XIX que supieron adaptar el mundo salvaje a sus necesidades y concepto estético, de ahí ese carácter artificioso que os comentaba. Precisamente, es de ahí también que procede su importancia histórica y, con ello, la importancia e interés del Parque Natural.

Este tema, no obstante, lo dejamos por ahora en segundo lugar y nos trasladamos mucho más atrás en el tiempo…

(Recordad que, si clickáis sobre las fotografías podréis verlas con mayor claridad y detalle  😉  )

 

Un remanso de paz cisterciense

La historia del Monasterio de Piedra se rememora mucho más atrás en el tiempo, concretamente, a esa Edad Media que, viendo los abusos del poder de la Iglesia, creó nuevas órdenes monásticas cuya principal finalidad era recuperar el mensaje de la Iglesia evangélica y apostólica.

En este contexto es cuando, muy cerca de las actuales Calatayud y Daroca (visitas obligadas, si os da tiempo, para aquellos que se acerquen al Monasterio de Piedra), siendo hijo directo del Monasterio de Poblet (el abad Pedro Masanet fue quien bendijo los monjes que salieron de él dirección Aragón) y en un lugar lleno de agua (lo más sorprendente de todo ello es que pueda haber tanto recurso acuífero en un lugar donde en un principio todo es árido y desértico) y paz, se creó un pequeño monasterio cisterciense que, como manda la tradición, no contaba con más de 12 monjes.

 

Se trata del Monasterio de Santa María de la Piedra, un monasterio de la orden del Císter fundado en el año 1195 por el abad Gaufredo de Rocaberti (hijo del vizconde Jofre, hermano del vizconde Dalmau, pariente del arzobispo de Tarragona Ramón de Rocaberti, del obispo de Zaragoza Rodrigo Rocaberti y del obispo de Girona Pere Rocaberti; todos ellos poderosos parientes que dieron protección e impulso a la nueva fundación), dentro de la política de repoblación del rey Alfonso II el Casto, en unos terrenos donados por el mismo rey, concretamente, en el Castillo de Malavella, también llamado Castillo de Piedra, al situarse cerca del río Piedra, de ahí también el nombre del monasterio, y cuyo pergamino de donación (a cambio de la obligación de los monjes de rezar una misa anual por el alma del monarca y de sus parientes) se conserva en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Estos monjes de Poblet se establecieron inicialmente en una primera localización que recibiría posteriormente el nombre de Piedra Vieja, tras su traslado a su actual localización, Piedra Nueva.

Las obras se prolongarían hasta el siglo XV, a pesar de ser consagrado en el siglo XII, e incluiría todos esos elementos propios de la arquitectura cisterciense, tales como la austeridad en la Búsqueda de Dios o espacios como la Sala Capitular, el Claustro, los dormitorios (siempre cerca de la Iglesia para facilitar su acceso en las horas de oración vespertinas), el Refectorio (se conserva el púlpito desde el cual se leía la oración), la Cilla o bodega, la cocina o el Calefactorio (aún se conserva todo el sistema que se usaba para calentarse en invierno).

En todo ello, las grandes bóvedas de crucería, así como también los arcos diafragmáticos, serían siempre una constante dentro del conjunto.

 

A pesar de los destrozos por los cuales pasó el Monasterio, tal y como explicamos un poco más adelante, las distintas dependencias conservadas han ayudado a conocer el funcionamiento propio de la orden del Císter, incluyendo esas diferencias entre rangos eclesiásticos que también se daban en su interior.

De este modo, podemos afirmar que en el Monasterio de Piedra encontramos el único corredor conservado en España destinado a los conversos, esos monjes que se ocupaban de los trabajos manuales, en contraposición a los monjes de rango superior que se dedicaban única y exclusivamente al oficio divino y al estudio, y que, por tanto, no podían transitar por los mismos lugares que el resto.

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El chocolate… ¡un alimento divino!

Una anécdota que esconde el Monasterio de Piedra es que se trata del primer lugar de Europa en el cual se cocinó el chocolate. De este modo, según dicen las crónicas, fue un monje cisterciense de este monasterio, Fray Jerónimo de Aguilar, quien en 1530 aproximadamente regaló al abad el cacao traído del nuevo continente.

Es por este motivo que durante la visita al Monasterio se incluye un apartado en el cual se cuenta la procedencia de este nuevo alimento, así como también su elaboración en el interior de la abadía, además de que en la tienda de recuerdos sea uno de los productos más destacados.

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La Chocolatería, mural que podemos encontrar en el Monasterio de Piedra 

 

El tríptico relicario del Monasterio de Piedra

Aún y a pesar de ser una reproducción, pues el original se encuentra en la Academia de la Historia de Madrid, merece la pena tomar atención a esta joya del arte gótico mudéjar aragonés que podemos encontrar en el Refectorio del Monasterio.

Se trata de un mueble litúrgico del siglo XIV excepcional, no sólo por su valor religioso, pues en él se exhibían distintas reliquias, la más importante de las cuales era el Santo Misterio de Cimballa (Sagrada Forma que, supuestamente, sangró milagrosamente, un hecho habitual en la época, ante las dudas de un clérigo que no acababa de creer en la transformación del pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo), donada por Martí l’Humà, sino también por su valor artístico, marcando el paso del italogótico al gótico internacional.

Podéis encontrar más información y detalles sobre esta obra de arte, así como también la iconografía que incluye, aquí.

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Decaída del Monasterio de Pierda…

Los monjes vivieron en el Monasterio durante casi 650 años, desde 1195 a 1835, momento en el que tuvieron que abandonar definitivamente la comunidad debido a la Desamortización de Mendizábal.

Antes, sin embargo, tuvieron que dejar la abadía en dos ocasiones más:

  • Guerra de la Independencia (1808): un decreto de José I supuso la supresión de la comunidad. Así, los monjes fueron expulsados y el ejército francés saqueó la abadía, tras ser transformada en hospital. En 1814, terminada la guerra, Fernando VII permitió a los monjes recomponer la comunidad.

 

  • Trienio Liberal (1820-1823): los bienes fueron inventariados, nacionalizados e, incluso, algunos de ellos subastados. En 1823, con la entrada de los 100.000 hijos de San Luis, la comunidad regresó.

 

Actualmente, encontramos un monasterio derruido que, sin embargo, dentro de su nostálgica decadencia, nos muestra lo que en su momento fue, ese esplendor y vida de los que antaño disfrutó.

 

¡Y llegó el Romanticismo!

Es ante esta situación de repentino abandono por parte de la comunidad, debido a su expulsión tras la Desamortización de Mendizábal, realizada bajo el gobierno de la reina regente María Cristina y a partir del decreto de disolución de órdenes masculinas y desamortización de bienes eclesiásticos, cuya finalidad era obtener los recursos necesarios para financiar al ejército liberal que apoyaba a su hija, la futura reina Isabel II, durante la I Guerra Carlista, que llegó esa nueva fase que llevaría el Monasterio a por lo que lo conocemos actualmente, a ser uno de los lugares más emblemáticos del veraneo español de los años 60, 70 y 80.

El Decreto de Mendizábal de 1835 significó el fin definitivo de la comunidad de Piedra y los bienes de la abadía fueron inventariados y subastados en Ateca, Zaragoza y Madrid, de ahí que el tríptico relicario o parte de la documentación del Monasterio los encontremos en Madrid, tal y como hemos indicado en unas líneas anteriores.

Es en este contexto, pues, que aparece la figura de Pablo Muntadas Campeny, el nuevo propietario que, por una cantidad de 1.250.000 reales, adquiriría los edificios y terrenos conventuales, administrados en su momento por funcionarios, en una subasta pública.

Su hijo, Juan Federico Muntadas, en 1844, sería el impulsor del Parque Natural que conocemos actualmente, aquel que transformaría esa naturaleza salvaje en una naturaleza controlada, en un paisaje artificioso pero, no por ello, menos bello o impactante. Algo que, como os he comentado al inicio de esta entrada, puede recordarnos un parque temático pero que, sin embargo, si tenemos en cuenta que este proceso se llevó a cabo en pleno Romanticismo, adquiere un valor distinto y, sobre todo, histórico y estético.

A partir de esta transformación, la huerta se convirtió en un jardín paisajista y las dependencias conventuales en un hotel y un conjunto hidroterapéutico que incluyó la primera piscifactoría de España.

Actualmente, se encuentra catalogado como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, y disfruta de la Medalla al Mérito Turístico por el Gobierno de Aragón.

 

¿Qué nos ofrece actualmente el Monasterio de Piedra?

Dada toda esta historia que encontramos tras él, el Monasterio de Piedra, aún y ser una propiedad privada, puede ser visitado por un precio de 15,50eurs por persona (si compráis online vuestra entrada, disfrutaréis de un pequeño descuento, además de entrada sin cola previa), una cantidad que no sólo va destinada a su visita propiamente dicha, sino, precisamente por ser de carácter privado, también al mantenimiento del parque y de sus instalaciones, es decir, al jardín paisajístico y al monasterio cisterciense de su interior.

Sin embargo, el conjunto incluye otros elementos que complementan estos 15,50eurs, tales como las distintas instalaciones que facilitan el acceso a sus visitantes (restaurantes, merenderos, baños públicos…) o las aves rapaces a partir de las cuales el usuario puede conocer un poco su entorno.

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De este modo, en primero lugar, encontramos un circuito cerrado, a través de cuevas, lagos y cascadas, muy adaptado y habilitado a esas personas que de un modo habitual no están familiarizadas con la naturaleza y que quizá recelan en ir solas a la montaña.

Dicho circuito recorre rincones de gran belleza y de cualidades estéticas propias de ese Romanticismo que lo creó, tales como el río Piedra como tal, con sus saltos de agua y cascadas, pero también otras creaciones como el Lago del Espejo, la Gruta Iris o la Peña del Diablo, entre otros.

Podéis encontrar el mapa y recorrido del conjunto aquí.

Por otro lado, destacar que, a pesar de esta artificiosidad estética, actualmente se han identificado más de 20 tipologías distintas de aves dentro del parque.

 

La entrada también incluye la visita al propio monasterio cisterciense, a ese complejo que, hijo de Poblet, nos permite conocer la importancia que el orden del Císter y su arquitectura tuvieron en la historia europea y, más concretamente, en el Parque del Monasterio de Piedra.

Las visitas pueden realizarse por libre o mediante guía e incluyen un pequeño centro de interpretación sobre la vida en el monasterio, la denominación de origen del vino de Calatayud y carruajes de los siglos XIX y XX.

 

Por otro lado, para aquellos que quieran completar su visita en el Parque del Monasterio de Piedra, el conjunto incluye también un Hotel de 3* y un Spa al cual se puede acceder tanto si se está alojado o no en él.

Como dato remarcable, destacar que se ubica en el interior de una ampliación que llevaron a cabo los monjes ya en el siglo XVI, lo más interesante de la cual son las bóvedas de sus techos, motivo por el cual recomiendo la entrada a pesar de no estar alojados en él.

Podéis encontrar más información sobre el hotel y el spa en su página web.

 

Finalmente, destacar los distintos espectáculos de aves rapaces que se llevan a cabo en el interior del parque y que también se incluyen en la misma entrada. Una manera interesante de conocer las diversas especies que encontramos en nuestro país y, con ello, las características de cada una de ellas.

 

Visitas complementarias:

A pesar de que el Monasterio de Piedra no se encuentra muy lejos de Barcelona, recomiendo aprovechar su visita para disfrutar de todo lo que le rodea y, por tanto, destinar un par de días más en la zona para acabar de conocerla.

De este modo, además de las ya mencionadas Calatayud y Daroca, dos ciudades repletas de historia y arte, especialmente barroco y mudéjar, o de distintos enclaves significativos de la provincia de Zaragoza que podéis encontrar en su página web oficial de turismo, os recomiendo también una visita a la capital aragonesa, Zaragoza.

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Una ciudad repleta de historia, si bien es cierto que, desgraciadamente, parte de ella ha ido desapareciendo a causa de las distintas guerras y sitios que ha sufrido (la Ruta de los Sitios os puede ayudar a conocer un poco más su pasado e importancia de la ciudad en este periodo de la historia, en la Guerra de la Independencia), cuyos inicios los encontramos con los romanos (Zaragoza romana) pero que también incluye otros momentos destacados como aquellos que engloban el arte mudéjar aún existente entre sus calles (Ruta del Mudéjar), la importancia de ser durante mucho tiempo la capital de la Corona de Aragón (el Palacio de la Aljafería sería un buen ejemplo de ello) o el legado de Goya en la ciudad (podéis encontrar más información en la Ruta de Goya).

Podéis encontrar muchos más monumentos y lugares de interés en su página web de turismo (en la Oficina de Turismo del Pilar, así como también en la que podéis encontrar en la antigua Torre de la Zuda, cerca de las murallas romanas, os darán mucha más información también). Sin embargo… ¡a mí también me gustaría poder hacerlos mi propia selección!  😉

 

1) La Seo

La Catedral de Zaragoza, dedicada al Salvador, se convierte, junto a la antigua Lonja, en una de las joyas más destacadas que encontramos en la Plaza del Pilar.

De construcción iniciada en estilo románico, conserva elementos propios del arte mudéjar, ese arte realizado por musulmanes en territorio cristiano, realmente fascinantes y con cerámicas policromadas de lo más interesantes.

Su interior, ya gótico, es también una maravilla con su armonía y capillas, la mayor parte de ellas barrocas, en las cuales podemos encontrar, gracias a un grabado llegado desde Roma, copias exactas a pequeña escala del baldaquino de Bernini para San Pedro del Vaticano. Destaca también el retablo mayor, de alabastro policromado y obra de maestros como Pere Johan o Hans Piet d’Anso.

Por todo ello, se encuentra declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2001, dentro del arte mudéjar aragonés.

 

2) El Festival Asalto

Interesantes artistas del arte urbano, tales como Guim Tió, Roa o Boa Mistura, entre otros, tienen también cabida cada año en Zaragoza, concretamente, en uno de los festivales, dentro de esta disciplina, más destacados de España.

En la última edición, el escenario fue el Parque Delicias, pero también podemos encontrar muchas de estas obras en lugares como el Barrio de la Magdalena o en Las Armas. Tenéis más información sobre el festival, así como también de las visitas guiadas que organizan, en su página web y si, como yo, estáis interesados en visitar los distintos murales, podéis conseguir también el plano del festival en cualquiera de las Oficinas de Turismo de Zaragoza.

En esta ocasión, me centré en los murales localizados en Las Armas, una zona de Zaragoza que pretende convertirse en un punto de referencia en la ciudad dentro del diseño y la arquitectura (ya se van instalando algunas librerías y estudios), pero que, a mi modo de ver, aún tiene que crecer mucho y desarrollarse hacia una mejor dirección. También se lleva a cabo, cada segundo domingo de mes, un mercadillo en el llamado Patio de las Armas. No tuve ocasión de visitarlo, pero aquí os dejo su página web por si os interesara.

Sin embargo, sí es un barrio popular con encanto. Con el mercado central muy cerca, se trata de una de las zonas de Zaragoza con más vida de barrio. El campanario de San Pablo, siempre expectante ante toda la vida que se gesta en sus entornos, se trata de uno de los más bonitos de Zaragoza, tras el de la Magdalena, dentro del arte mudéjar.

 

3) El Pasaje del Ciclón

Completamente afrancesado y de lo más entrañable en un centro bullicioso de calles anchas, encontramos este remanso de calma, estas galerías que, además, esconden una pequeña cafetería, el Café Botánico, de lo más encantadora e ideal para hacer una pausa a cualquier hora.

 

4) Las Bóvedas de Goya en El Pilar

Se trata de uno de esos grandes secretos de Goya en Zaragoza que, eclipsados por la grandeza y soberbia de la Basílica del Pilar y de todo lo que gira entorno a ella, desgraciadamente, acostumbran a pasar desapercibidos.

Si vais al Pilar, pues… ¡no olvidéis buscar las dos bóvedas del artista! Unas obras de juventud que, si bien es cierto que no nos sorprenden tanto como sus creaciones posteriores, merecen un alto y despertar nuestro interés.

Se tratan de la bóveda del Coreto, con la Adoración del Nombre de Dios como tema, y el Regina Martyrum, la primera vez que Goya se enfrentaba a una cúpula semiesférica.

Ambas pasan muy desapercibidas, tanto que, incluso, depende a quien preguntéis, os dirán que sólo hay una en vez de dos.

 

5) El Canal Imperial de Aragón

Promovido en 1776 por Ramón Pignatelli (uno de los grandes desarrolladores, en plena época ilustrada, de Zaragoza) y con sus 110km de largo, se trata de una de las obras hidráulicas más destacadas de Europa. Con él, el agua del río Ebro llegó a todos los campos de regadío (en algunos tramos era incluso navegable) y, no sólo eso, sino que también tuvo un papel destacado durante la Guerra de la Independencia (la Capitulación de Zaragoza en la Guerra de los Sitios tuvo lugar, precisamente, en las Esclusas de Casablanca de dicho canal).

Actualmente, se convierte en un bonito paseo que no sólo nos recuerda su historia e importancia, sino también nos acerca a una Zaragoza más natural. Muchas de su esclusas se conservan todavía, encontrándolas en ciertos momentos durante nuestro recorrido.

 

6) El Parque Grande

Como indica su nombre, el Parque Grande es el que tiene unas mayores dimensiones en Zaragoza y aquel más animado está, ya sea para dar un agradable paseo o practicar algún deporte.

Se trata también del más monumental, no sólo por sus juegos de escalinatas o grandes avenidas, sino también por algunos de los monumentos que acoge. Un ejemplo de ellos es la estatua de Alfonso el Batallador, héroe de la reconquista de la ciudad a los musulmanes.

El Rincón de Goya de Fernando García Mercadal, también localizado en este parque y, como indica su nombre, destinado a ser un museo sobre Goya, se trata del primer edificio racionalista de España.

 

7) El Tubo

Barrio archiconocido, incluso entre aquellos que nunca han pisado Zaragoza, para tapear. Son muchos los lugares a los cuales acudir que sirven comida de calidad y a buen precio. Sin embargo, yo os recomiendo un lugar ideal para la hora del vermut que, bajo el campanario de la iglesia de San Gil Abad, también de arte mudéjar… ¡sirve unas patatas bravas exquisitas!

Se trata de Casa Buisan. El resto de platos, tapas y pinchos no los llegué a degustar… ¡pero la verdad es que también tenían un aspecto de lo más suculento!  😛

 

Con este pequeño apunte gastronómico, finaliza este fin de semana largo por la provincia de Zaragoza, un lugar al cual acceder con un toque de coche o, aún más sencillamente, mediante tren, que seguro que os permite descubrir un sinfín de rincones que desconocíais.

Si os animáis a ir… ¡no olvidéis etiquetar vuestras fotos en Instagram con @losviajesdelabcnquemegusta !

¡A disfrutar y a seguir viajando!   😉

 

Para más información:

monasteriopiedra.com

www.turismodezaragoza.es

www.turismodearagon.com

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Un comentario en “¡El Monasterio de Piedra y un paseo por Zaragoza!

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